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Sobre Mi Maleta de Recortes

¡Hola a tod@s!

Me gusta lo retro, lo vintage, casi toda clase de música, la poesía, la fotografía, manualidades... Es lo que he ido recopilando en este blog, un poco disperso, como una maleta en la que se va guardando de todo sin orden ni concierto y que siempre sorprende cuando se abre.

Gracias por visitarme, gracias X dos si me dejáis vuestros comentarios... Y si decidís quedaros por aquí acompañándome ¡¡que las gracias sean X tres!!

La mayoría de imágenes que encontraréis en este rincón están sacadas de la red, si alguien considera que alguna no debería estar aquí, que me lo haga saber y la retiraré.

Todas las láminas (tarjetas, collages digitales) por mi firmados son composiciones propias partiendo de imágenes extraídas de Internet. Si os lleváis alguna, tened en cuenta que son solo para uso personal, no comercial y sin ánimo de lucro.

Nena Kosta

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27 dic. 2010

Juan Ripollés (pintor y escultor castellonense)

 
Juan Ripollés, nacido en 1.932, es uno de los grandes del arte contemporáneo español del siglo XX y XXI. Pintor, escultor y grabador único, moldeó una personalidad creadora entre España y Francia. Tuvo que superar una infancia traumática antes de descubrir el arte.
Fallecida su madre durante el parto, fue adoptado por una familia de Castellón, de un barrio humilde y, en la España gris de la posguerra, la pobreza le condenó a trabajar desde la niñez. En su infancia no tuvo tiempo de soñar con ser futbolista. Mientras sus amigos jugaban y correteaban por las calles, él recogía boñigas para venderlas como estiércol, cuidaba animales en los establos, se ocupaba de sus hermanos en la casa y realizaba tareas domésticas en el hogar.
Entre miserias transcurrieron varios años hasta que, también en la temprana edad de los pantalones cortos, entró a trabajar en un taller de pintura industrial. Allí conoció la gama de colores, sus infinitas combinaciones y las brochas. Aquella experiencia le sedujo. No desatendió las obligaciones con la cal o la pintura en paredes de naves y talleres, pero por la noche robaba tiempo al descanso para descubrir un nuevo lenguaje de formas, curvas y representaciones.

Así, en la soledad de una habitación en penumbra, se gestó noche tras noche el artista, el genio. Las clases que recibió de dibujo por las tardes en el instituto Ribalta de Castellón, una vez acabada la jornada de trabajo con la brocha gorda, alimentaron en Ripollés la inquietud artística.
En 1954, su carrera cultural iba a dar un giro espectacular con un viaje a París. Cargó la maleta de ilusiones y los pocos ahorros que consiguió rescatar de las penalidades de la España de posguerra y descubrió, más allá de los Pirineos, un nuevo mundo de libertad y creatividad, pero en Francia pasó hambre y tuvo que trabajar como pintor industrial para asegurarse un sueldo.
La emancipación definitiva, la ruptura con el andamio y el mono de trabajo, llegó con su incorporación a la galería Drouand David, una de las más prestigiosas del mundo allá por el año 1958.
Un estilo muy personal, la autonomía de formas, la complicidad de los colores y una fuerte inspiración en la naturaleza y el hombre permitieron al arte de Ripollés abrir las puertas de todo el mundo. Primero de la mano de la galería Drouand y con posterioridad de forma independiente, proyectó su recreación de entornos vitales e intensos, ricos en matices y emociones, a diferentes países de Europa como Alemania, Bélgica, Holanda, Italia o Francia antes de abrazar otros continentes como América, con exposiciones en EEUU o México, o Japón.
Como uno de los referentes del expresionismo figurativo español, Ripollés ha completado desde entonces un amplio recorrido por diferentes tendencias estilísticas hasta instalarse, hoy en día, en una época marcada por el vitalismo de sus escenas, evocadoras de un pulso activo y de una existencia emocional y expresiva.
Ripollés, además, es un revolucionario, un rebelde vitalicio en tiempos de alianzas internacionales económicas, culturales y políticas. Defensor de las libertades durante el franquismo, centinela vitalicio del pensamiento plural con un puñado de pinceles en la mano, durante unos años dio un giro radical a su vida y, en una masía sin luz, agua corriente o teléfono, se recluyó en el aislamiento de los anacoretas hasta gestar un hábitat de intimidad fecundo en creatividad, en inspiración, en idealización. Fue ese cosmos de sentimientos privados y soliloquios el que fraguó al Beato Ripo, atávico y asceta, el mismo a quien retrató el escritor Manuel Vicent en uno de sus libros más conocidos.
Artista mediterráneo, de perfil heleno y barba florida y franciscana, dentro de su estética perenne de algodón conviven el creador y el hombre. Ripollés es un pintor y escultor singular, pero también un hombre muy identificado con su tierra, con sus gentes, que vive rodeado de la naturaleza, de animales como gallinas o burros y una huerta inaccesible para insecticidas y fertilizantes de laboratorio.

Hospitalario, bondadoso, accesible, humilde e independiente. Así es el genio, un forjador de formas nuevas que no aspira con su arte a cambiar el mundo, sino a que el mundo no le cambie a él.
(Biografía extraída de su página oficial)

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Nena K.

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